Pipe Review: Un día de otoño

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Hoy me siento, mirando el pequeño bosque que está próximo a mi departamento, recordando los primeros días que comencé en este gran arte. Han pasado casi 17 años, y si hago memoria debió ser a mediados del segundo semestre de mi carrera universitaria: en ese tiempo lo único que lograba conseguir en una tabaquería en la ciudad que vivo, era algún tabaco aromático generalmente de frutas o vainilla, pasaron años en ese mismo rumbo entre aromas y con escasa información del mundo de la pipa y del tabaco en sí.

Hace unos cinco años atrás después de un arduo trabajo me hice de un par de mezclas, que había empezado a imaginar tener dentro de mi colección, una de ellas es la que les presento en este número, se trata de Briar Fox de Cornell and Diehl, la mezcla personal del artesano danés Peter Heeschen.

Este largo camino me ha llevado a conocer tantas mezclas, en sus variados tipos de presentación y sin duda para mí la más particular es el Crumble Cake, una torta de tabacos prensados y posteriormente particionados.

Una de las principales características de esta forma es que permite explorar todos los matices a medida que jugamos para desmenuzar esta torta de tonos dorados y marrones, desprendiendo esos suaves aromas del Virginia de campos primaverales acompañado de notas dulces, con unos tonos de cacao amargo otorgado por el Burley.

Previo a la carga podemos notar que la humedad esta perfecta y que permite una combustión ideal pese a los cinco años que ya tiene en mi colección personal. Desmenuzado el tabaco busqué una pipa que fuera acorde a la naturalidad del tabaco y preferí hacerlo en pipa sencilla de maíz, Missiouri Meerschaum Patriot.

El primer tercio enciende sin mayores inconvenientes, destacándose las primeras notas del Virginia, surgen los recuerdos del campo de heno y notas de pasto recién cortado, el humo muestra una baja densidad, poco agresivo e incluso calmo, sopla el viento mientras fumo y llega por primera vez entrando al segundo tercio el Burley queriendo ser presente, sin embargo el Virginia brota sobre esas notas de cacao, se entremezclan en una ronda entre estos dos componentes, avanza este tercio jugando entre humos y fuego.

En el último tercio, el Virginia se da por vencido y le cede el paso al Burley, donde abundan las notas de cacao, levemente terroso sin ser desagradable, no picoso. Se calman los humos, con el último reencendido dejando tras esta gran ronda unas cenizas grises y una nota natural en mi departamento, muy similar a las nueces.

Una nota importante a experimentar con este tipo de mezclas sin añadidos artificiales, es poder catarla en distintas estaciones del año. Para mí el otoño es una estación ideal ya que las hojas que caen permiten ser un potenciador de los sabores, cuando sopla una suave brisa que trae esos aromas de tierra húmeda escondida entre un lecho de hojas secas.

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