Liz Santos, remarkable aficionada

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Por César Salinas

En el imperio de los sentidos, el gusto es el rey, sin duda… o la reina. Y el buen gusto (una habilidad que todos podemos desarrollar) es capaz de llevarnos a lugares insospechados, inauditos, y transformarnos de formas sorprendentes. Eso le sucedió a Elizabeth Santos el día que probó su primer cigarro premium y cuando lo maridó con sus amados ron y whisky: algo cambió para siempre, algo cambió en ella definitivamente.

Cuatro años después, en un mundo tradicionalmente machista, ahora como Remarkable Liz, nombre de su cuenta de Instagram que cuenta ya con 23 mil seguidores, es Master Cigar Sommelier, tiene un grupo de fumadoras, Remarkable aficionadas, hace eventos, cenas maridaje, trabaja con la International Association of Cigar Sommeliers (IACS), se muestra hermosa como es, neoyorkina de sangre dominicana, dueña de su placer.

Liz está derrumbando estereotipos, integrando a la mujer sí o sí a la comunidad aficionada; por ella cada día hay más presencia femenina en cigar lounge, en tabaquerías y estancos, no acompañando a sus esposos, sino a compañeras, amigas. socias, para fumar y disfrutar, como cualquiera.

Neoyorquina dominicana

Tiempo de coronavirus, tiempo de periodismo, de vida digital, que nos permite estar y no estar; por ejemplo, miro desde la oficina de LATINO AFICIONADO a Liz en su casa en Nueva York, está un poco nerviosa… está nerviosa, y es normal, detrás de su cuenta de Instagram que crece día con día, hay una mujer como cualquiera, que trabaja, cuida de sus hijos, ama a su esposo, tiene pasiones, miedos, alegrías, que paga facturas, cuenta y paga impuestos, va al súper, planea vacaciones.

 

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I hope everyone is having a wonderful day.🙃 Just a little friendly reminder, You are unique, just like your style is, something very individual, very personal, and in their own unique way. JUST LIKE A CIGAR, each cigar is very unique, different. They are never the same as the first cigar that was made.🧐 Don’t you agree? —— #remarkableliz #friendlyreminder —- Espero que todos estén teniendo un día maravilloso.😋 Solo un pequeño recordatorio amistoso: eres único, al igual que tu estilo, algo muy individual, muy personal y a su manera única. COMO UN CIGARRO, cada cigarro es muy único, diferente. Nunca son iguales al primer cigarro que se hizo. ¿No estás de acuerdo?

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Nació en Manhattan, en el estado más golpeado por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 en Estados Unidos, pero los mejores años de su vida los pasó en República Dominicana, en Santo Domingo, de los tres a los 14 años. “La escuela, el ambiente, todo era totalmente diferente, fueron mis mejores años”.

El buen gusto lo trae desde niña, su padre tenía un restaurante.

Ella está en medio de cuatro hermanas, su padre era muy estricto, machista pues, criada en un “ambiente de señoritas, y además, no lo voy a negar, de princesas, de barbies y muñecas, ¡y lo disfruté mucho! Había muchos niños y niñas, tenía muchos vecinos, andábamos en patines, iba a la casa de mis amiguitas, siendo niños, muy diferente a Nueva York”.

Sus padres decidieron volver a la Gran Manzana para probar suerte, Liz tenía 14 años, así que concluyó sus estudios en Estados Unidos y se recibió como contadora, profesión que ejerce hasta ahora. Se casó muy joven, y su esposo es purofumador desde que se conocieron, los dos nacidos en Nueva York y criados en República Dominicana.

Increíble pero a Liz le desagradaba el olor del puro, aunque siempre ha sido aficionada del ron y el whisky, pero un día su esposo le trajo un Ashton Señoritas, lo probó, le gustó, era algo distinto. Había nacido el buen gusto por el tabaco, y pronto desataría una serie de cambios y eventos que transformarían su vida.

Eso fue hace cuatro años, sus hijos tenían 8, 7 y después de que nació su último niño, fue que comenzó a fumar. Y vaya que empezó a fumar: entre sus favoritos están Ramón Allones, Quai D’Orsay, Partagás, La Flor Dominicana, La Aurora, Plasencia, Padrón, Nova, Carrillo… y su primer amor, La Flor Dominicana 1994.

“Lo primero que me llamó la atención fue lo que sentí al combinar el tabaco con mi whisky, dije, coño, como que se siente bueno esto, me sentí tan bien y relajada. Estaba en el patio, buenas amistades, buena bebida, eso influyó mucho. Pero siempre me molestaba el olor, ¡yo no dejaba a mi esposo fumar en la casa!”, nos dice mientras suelta esa carcajada tan sincera y encantadora que tiene.

El día que comenzó a fumar, su esposo, literalmente, brincó de alegría. Un amigo de él que trabajaba en Villiger Cigars, le dio un obsequio para ella, “era la serie Angel, y cada vez que salía me traía cigarros diferentes. Vitolas pequeñas, fortalezas suaves a medias. Hasta que me trajo un robusto, entonces comencé a fumar medios a fuertes, que son los que me gustan ahora”.

Liz tuvo la fortuna de tener a un fumador experimentado que sufrió todas las malas experiencias que un aficionado puede llegar a pasar, y que ella ya no tuvo que vivir, “yo lo vi sudando, ¡pasando cosas muy malas! Él me guio y me puso las cosas muy fáciles, de verdad”.

Travesía por el buen gusto

Quieran o no, la civilización se ha hecho gracias al sentido del gusto. Descubrir que la carne al fuego adquiere otra dimensión de sabor, pero agregando sal la cosa se vuelve un regalo de los dioses y con una copa de vino es una cosa de otra dimensión. Decía José Fuentes Mares:

“La historia de la especia ha de evaluarse con base en placeres refinados… Mientras se piense que el siglo XVIII fue importante porque produjo la Revolución Francesa, y no porque en ese siglo se conocieron el azúcar y el aguardiente, se crearon los licores y se polarizaron el caco, el tabaco y el café, seguiremos en la onda de esta cultura miserable que culmina en los excesos de la bomba atómica y en los más horrendos todavía del quick lunch y el fast drink”.

Dice, y dice bien Fuentes Mares, que hay una gran diferencia entre aquella aurora en que los hombres comieron, bebieron yo añadiría fumaron como animales, hasta el mediodía luminoso de las trufas hojaldradas, los callos a la madrileña, los chiles en nogada, el ron venezolano o un cigarro con tabacos de más de 15 años de añejamiento y unos cinco años en humidor.

El viaje de Liz comenzó así, por los sabores. “Cuando inicié verdaderamente a fumar, conocí a mi primer amor, que fue La Flor Dominicana 1994, dije ¡pero qué es esto! Fue una explosión de sabores, había una fiesta en mi paladar, así comenzó la curiosidad, quería probar más, quería saber más”.

Pero lo más importante y donde surge todo, se preguntó por qué sabía diferente, por qué cambiaba el sabor en cada país, en cada marca, en cada vitola. Por qué.

“Tenía la necesidad de saber, no quería ser una chica bonita en una foto bonita con un cigarro. Las mujeres somos más que eso. Puedo tener una opinión, y quería tener voz, y la única manera que tenía al alcance era educándome”.

Así fue como llegó a la IACS e inició un camino que hace cuatro años atrás no habría ni podido imaginar. Se hizo cigar sommelier y luego master cigar sommelier. Viajó a Pro Cigar, conoció a dueños de fábricas, a leyendas del tabaco, hizo amistades increíbles.

“Pero conocer a Yamir y a Miguel fue como abrir los ojos, son mis mentores. Pensé que llevaba fumando cuatro años, pero en realidad sólo llevo uno, porque con ellos aprendí a fumar. Estar en la IACS es muy intenso, es mucha información. Yo llegaba a la casa y seguía estudiando y leyendo. Desde la historia del tabaco hasta el encendido; desde la vega hasta la construcción y el maridaje. Lo que más me gustó sin duda fue la historia, porque uno como fumador no piensa en esto a la hora de disfrutar una vitola”.

Tú piensas que sabes pero no sabes nada, remata Liz.

Su forma de ver y apreciar un cigarro cambió: ahora lo respeta, lo difunde, le rinde justo culto a una planta que dominó el mundo, con orígenes mágicos cuyos dioses se comunicaban con la humanidad a través del tabaco.

Actualmente apoya a Yamir Pellegrino, presidente y fundador de la IACS con relaciones públicas así como en la traducción durante varios diplomados que ha dado en Miami y Los Angeles, lo cual, además, ha reforzado e incrementado el conocimiento de Liz sobre los contenidos: destilados, fermentaciones, vitolas, maridajes, sabores, aromas, fragancias…

Un día, una amiga le recomendó que subiera las fotos de sus fumadas. “Yo no sabía que esto existía, que había una bella comunidad, tanta gente. Yo estuve dos años fumando en casa, con mi esposo, en reuniones, casual. Fue después de dos años que comencé a subir mis fumadas a Instagram. Allí descubrí que había más mujeres fumadoras”.

Tres Doritos después, cuenta con casi 23 mil seguidores y es un éxito en las redes.

El principal atractivo de Remarkable Liz no es su belleza sino su inteligencia y conocimiento (tomen nota por favor), y no se confundan, ella es Elízabeth Santos, contadora, con horario laboral y ocupaciones familiares. Un día normal, sin caos mundial por una pandemia, comienza a las 4:00 am y concluye pasadas las 11:00 pm.

Remarkable aficionadas

Una gran película que ha dado el cine es, sin duda, Ratatouille. En ella, una chef dice una verdad general: “La alta cocina es una jerarquía anticuada basada en reglas hechas por hombres tontos y viejos. Reglas diseñadas para que sea imposible que una mujer entre en esta carrera”.

Lo mismo pasa en el mundo del tabaco. Afortunadamente, sus luchas rinden fruto, ahora las mujeres son dueñas de sus placeres, “invaden” espacios históricamente masculinos, machistas, porque los espacios del buen gusto también eran lugares cerrados, típicos de hombres.

Recuerda la primera que entró a un cigar lounge, sola. Al llegar le ofrecieron los puros suaves y de sabores, “¿pero tú estás loco, acaso le preguntarías eso a un hombre?”, fue la respuesta de Liz. “¡Porque a un hombre no le ofrecen eso déjame decirte!”.

Es algo que con lo que se lucha permanentemente, “no nos sentimos completamente cómodas, y menos rodeada de muchos hombres. Ahora ya voy sola y no me incomoda, pero siempre voy alerta, porque tú sabes, sigue siendo un ambiente de hombres, y el hombre es hombre”.

Había que cambiar esto.

Su primer evento como cigar sommelier de la IACS fue en el Havana on Hudson, Remarkable night se llamó la cena maridaje que realizó con Villiger Cigars y el chef David Núñez. Tras esta experiencia pensó en formar una marca propia, poner su sello e integrar a más mujeres, así nace Remarkable Aficionadas.

“Comenzó porque quería hacer un cambio, que una mujer se sienta cómoda en un cigar lounge, un espacio para las mujeres, que se sientan ellas, no como extranjeras, que se sientan parte de todo”.

 

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I hope everyone is having an awesome Saturday. — Come and enjoy us to a private dinner. Three-course dinner each meal is paired with a Villiger cigar and Spirits. All course meals by executive chef David Nuñez . 👉🏻NOTE: RSVP MANDATORY! Only couple space Available. RSVP Call 201-867-3300 — Looking forward to seeing you . . . . Espero que todos tengan un excelente sábado. – Ven y disfruta de una cena privada. Cena de tres platos cada comida se combina con un cigarro Villiger y licores. Todas las comidas del curso por el chef ejecutivo David Nuñez. NOTA: ¡RSVP OBLIGATORIO! Solo quedan algunos espacios. RSVP Call 201-867-3300 — Nos vemos pronto!

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Le propongo al dueño de Havana on Hudson y le encantó la idea porque él ya hacía una noche de damas, así que dos meses al mes comenzamos con los eventos de Remarkable Aficionadas, donde se explica sobre el encendido del puro, el vino que se degustará, la vitola que se probará y el maridaje de la velada.

La mujer siempre al frente, como hilo de todo. De esta manera, Liz ha iniciado a decenas de aficionadas que nunca habían pisado un cigar lounge.

Lamentablemente, la pandemia lo detuvo todo. Entre tanto, nos deleita con su conocimiento en su cuenta de Instagram a través de lives que sostiene con una diversidad de personas y personalidades del medio, o transmisiones donde da su opinión sobre puros y destilados.

No obstante, en el horizonte Liz tiene en vista República Dominicana, Nicaragua, Brasil, Honduras, contactar a los dueños de las fábricas, crear un grupo de mujeres y mostrarles este mundo maravilloso de la nicotiana tabacum.

Sin ellas, nunca estará completo ni explotará su verdadero potencial: sin su presencia en las mesas fumando con los hombres, en las vegas plantando con los hombres, en los mercados haciendo negocios con los hombres, en las galeras fermentando y experimentando con los hombres.

“Debemos acabar con el machismo, con la indiferencia. Las mujeres somos tantas cosas, somos tanto, somos hermosas, sensuales y estamos orgullosas de ello. Pero no sólo somos eso, somos mucho, mucho más, y vamos cambiar este mundo”.

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