La tragedia de Prudencio Rabell y Pubill

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TABAQUEROS ESPAÑOLES EN CUBA Y SUS MARCAS

Quinta parte

En esta quinta entrega, será una ocasión para hablar de la vida de Prudencio Rabell y Pubill, persona afable, inteligente y muy querida, hasta cierto punto, determinante en las buenas relaciones entre asturianos y catalanes, que realmente eran los que dominaron la situación tabaquera en Cuba durante el siglo XIX y parte del XX.

Conozcamos desde el principio la vida de este ilustre catalán, con una especial predisposición a las relaciones públicas, en las que sin duda fue un autentico genio, por ello fue alumno aventajado del profesor Joan Conill Pi. Al igual que a Jaime Partagás, Rivas, F. Roig, etétera, a los que como a Prudencio Rabell les fue enseñando todos los secretos de la industria tabaquera y finalmente les ayudó a establecerse.

Prudencio era natural de Arenys de Mar. Su padre, Francisco Rabell y Pallarolas, nacido en Arenys de Mar en 1781, hijo de un carpintero, José Rabell y Subirá y de Francisca Pallarolas Estanyol, que tuvieron tres hijos, Francisco Rabell y Pallarolas, Buenaventura y José, quien, como su hermano Francisco, se sintió atraído por la navegación.

Su padre Francisco Rabell y Pallarolas, cuando solo contaba con 18 años y corría el 1799, ingresó según deseaba fervientemente en la Real Escuela Náutica de Arenys de Mar, que por aquel entonces dirigía José Baralt; su ingreso, nada fácil, fue precedido de una buena preparación general, pero muy especialmente en matemáticas, así tres años después, ingresa, aprobados los estudios teóricos de náutica.

Llegó en su primer viaje de prácticas, a bordo de la polacra la “San Juan Bautista”, de matrícula de Arenys de Mar, al mando del patrón Luis Baralt y con destino a Montevideo. Se examina, en La Habana el día 15 de noviembre de 1803 de tercer piloto. Durante varios años ejerció la profesión de marino, incluso efectuó dos campaña al servicio del gobierno.

Bastantes años después regreso a La Habana a bordo del bergantín Lopez Baños, su capitán Pablo López y Rabell, era familiar, esta vez viajó como simple pasajero. De regreso, ya viudo y fallecido tambien su padre José, se hace cargo de su madre con la que se traslada a vivir a Arenys de Mar en la barriada de poniente, conocida por el barrio de Caldetes, en la casa número 1 de la nueva calle, San Pedro Más Alto, así se comocía esta calle, al existir otra más antigua con el nombre de San Pedro.

Trascurria 1824 cuando el viudo Rabell, con 43 años, y su madre con 74, se volvió a casar con una joven de 24 años, Antonio Pubill, natural de la Seo d’Urgell, que había llegado acompañada de sus hermanos, Felix y Juan de 18 y 15 años de edad, para trabajar en una fábrica de medias.

El nuevo matrimonio se había instalado en la ya conocida casa de la calle San Pedro, conviviendo con la madre y los dos hermanos de Antonia. Por aquel entonces, Francisco había dejado de navegar, dedicándose al comercio, abriendo una tienda de vinos, en un almacen del Camino Real de aquella barriada.

Cuánto tiene de cierto el refranero popular, como en este caso, que dice: Mujer joven y hombre viejo, criaturas a tejo.

Antes de cumplirse el año del matrimonio de Francisco Rabell y Pallarolas con Antonia Pubill, nacía la mayor de su prole, Francisca; dos años después, otra niña a la que bautizaran con el nombre de Ángela; en 1828 otro varón, Francisco; en 1830, hasta aquí siempre con la cadencia de dos años, nace José; tres años después Beatriz y por último en 1835 nace el hijo más pequeño, nuestro personaje, el hombre cuyo destino fue Cuba.

Bella habilitación-vista de Prudencio Rabell, medallas flores, escudos en relieve y dorados en pan de oro.

En el año 1836 muere la madre de Francisco Rabell y Pallarolas, su esposa y su hija Angela, la situación de su negocio es precaria, ve muy dificil salir del atolladero, tiene cinco hijos que mantener, decide traspasar la taberna del Camino Real a un vecino de Arenys de Mar, al tiempo consigue un préstamo que le concede el barcelonés, Luis Mestre, aportando como garantia la casa de la calle de San Pedro, de manera discreta se otorga escritura an la notaría de Canet de Mar, en fecha 5 de febrero de 1836, no se ocultan en ella las dificultades economicas de Rabell, quien hace constar que este préstamo le servirá para la manutención de la familia y otras urgencias.

Buscando soluciones a sus graves problemas, emigra a Cuba.

En el correspondiente libro de registro de bajas del padrón de Arenys de Mar queda constancia de la salida de Francisco Rabell, de 57 años de edad, que se traslada a La Habana el 16 de septiembre de 1838, haciendo constar que viajan consigo su hija Francisca de 14 años, Francisco de 10 y Prudencio de tres. Imposible sabes las causas y razones por las que deja en Arenys a sus dos hijos, ni quien se hizo cargo de ellos, la ausencia fue simplemente un parentesis, el 16 de agosto del año siguiente partían con destino a Cuba José Rabell y Pubill de nueve y Beatriz de siete años.

Francisco Rabell y Pallarolas no regresó a Arenys de Mar, falleció años después, al igual que su primogénito, Francisco, en La Habana. El padre, Francisco Rabell y Pallarolas buen conocedor de Cuba, con su trabajo y sacrificio se fue situando y trascurridos unos pocos años pudo costear los estudios de su hijo, José, en el Real Estudio de Pilotos de Arenys de Mar. La mayor de sus hijas, Francisca, retornó a Cataluña. Muerto ya Francisco Rabell y Pallarolas, sus cuatro hijos, tanto los dos que habían regresado a la península como los otros dos que quedaron en Cuba, en fecha 18 de julio de 1857 devolvieron a Luis Mestre el préstamo, tal y como consta en escritura otorgada en Barcelona.

Prudencio, el más pequeño, despierto e inteligente, sigue los pasos de su primo, Jaime Partagás y Rabell. En 1850, como pupilo, entra a trabajar con Joan Conill y Pi, del cual ya conocemos su trayectoria en el mundo del tabaco. Es quizá Prudencio uno de sus últimos discípulos quien bien asesorado y dominando plenamente el oficio, establece su propio negocio de tabaco en rama alrededor de 1860.

Aunque por distintos caminos, Jaime Partagás y Rabell se especializó en la hoja y en cigarros habanos, Prudencio Rabell se dedicó a la picadura, hebra y cigarrillos. No fue ni veguero ni cultivador de la planta de tabaco, ni siquiera cosechador, se limitó a negociar y comprar hoja expertamente seleccionada a los mejores cosecheros de Vuelta Abajo. Acredita en paquetes de picadura y cigarrillos las marcas La Hidalguía y La Legitimidad.

Marquillas de las famosas marcas de Prudencio Rabell La Legitimidad y El Negro Bueno con domicilio en Paseo de Tacón 193 en La Habana.

En el entorno de 1870 adquiere el negocio de los famosos tabaqueros Susini, añadiendo a sus anteriores producciones las siguientes marcas: La Honradez, marca principal de los anteriores propietarios, El Negro Bueno, El Fénix, La Cruz Roja, La Panameña y Maura.

Otras dos marquillas que como las anteriores estaban situadas en el Paseo de Tacón 193: La Panameña y La Honradez.

Al adquirir el complejo comercial de los Susini, también compra los importantes talleres de litografía y tipografía. Se hace con el control, en 1900, de la popular marca de cigarros Romeo y Julieta para venderla en 1903 a Rodríguez Argüelles y Cía. También en 1900 entra a formar parte de la sociedad Vales, Rabell, Costa y Cía., como propietarios de la fábrica de tabacos Ramón Allones, pocos años después su parte fue malvendida.

La Cruz Roja, otra de las marcas en sociedad que tenía Prudencio Rabell. El domicilio fue Galiano 98.

 

En 1861 contrae matrimonio con la aristócrata habanera María-Isabel Vázquez, con la que no tuvo hijos.

Su temperamento generoso, inquieto pero afable lo convierten en un político justo y desinteresado. Fue presidente del Casino Español de La Habana y promotor de toda clase de actividades benéfico-sociales entre los catalanes de la isla.

Generoso en todo momento, regaló material al cuerpo de bomberos voluntarios de la capital y fue nominado como Coronel Honorario. De tendencia marcadamente liberal, fue partidario de la política seguida en Cuba por el general Martínez Campos y fue presidente del Partido Reformista, que preconizaba un entendimiento entre españoles y cubanos que permitiera una buena convivencia.

Anillas de la época Rabell, en la propiedad de los Allones (formato característico de esta marca).

Por real decreto de la reina regente, María Cristina, fue nominado, en fecha 8 de enero de 1897, al título de Marques de Rabell.

Los acontecimientos se fueron precipitando y al año siguiente, Cuba dejaba de ser provincia de ultramar para conseguir seguidamente su independencia.

Los trusts capitalistas norteamericanos, en los que se ven envueltas las empresas de Rabell, las compran, en pésimas condiciones económicas para el Marqués.

Su generosidad, su sentido del honor y respeto a la palabra empeñada, incluso su inocencia, le hicieron que fuera valedor de unos parientes que finalmente le estafan, ayudará también a evitar la quiebra de algunas familias avalándolas con su propio patrimonio. Tantas muchas muestras de generosidad, le llevarán irremediablemente a una situación financiera prácticamente insostenible.

Prudencio Rabell Pubill, Marqués de Rabell, fallece en la mayor pobreza, el 29 de julio de 1906 en su domicilio de la calle Carlos III, 161 de La Habana, a consecuencia de un cáncer de pulmón, siendo enterrado en el Cementerio Colón.

Desaparece un excelente político y una figura notable, persona noble, elegante y de gran generosidad. No dejó hijos y nadie reclamó sus escasos bienes ni su título de nobleza. Desde entonces, el título de Marqués de Rabell sigue vacante. El 6 de junio de 1953 María Antonia Rabell Sayús, hija de José Rabell y Pubill (hermano de Prudencio), solicitó sin éxito la rehabilitación del título, que actualmente se encuentra caducado.

 

 

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