Y mañana… ¿qué habrá de comer?

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La panza de los filósofos

Ricardo Paredes Prior

Colegio de Filosofía de Xalapa A.C

Fuimos monos, ya lo dije antes en algún escrito; luego nos erguimos; nos juntamos y aprendimos a ser sociedad e igualmente en el transcurso aprendimos a cazar. Pero la carrera no acabó allí, lo cazado en algún momento terminó asado o terminó en salazón; con el tiempo se logró freír. Se aprendió, entonces, a cocinar, a transformar nuestros alimentos; además, en el trascurso los animales cazados fueron por nosotros criados. En cierne, podemos decir que nuestra comida fue cambiando desde sólo comer frutas a el uso de animales, en algunos casos exóticos, para su hechura en miles de platos.

Luego qué, podrán pensar. “Verdades de Perogrullo, lugar común tu tema, podrían decir. Sin embargo, esto no es lo que he venido a decir aquí. En primera instancia, con esto traído a cuenta, lo que quiero pensar es la relación de utilidad y acceso del hombre con su entorno comestible y entre estos sus modos de hacerlo, no ya como lo cocina, sino, cómo obtiene estos, a saber, cuáles son sus prácticas al producir u obtener su comida. Esto de pensar la comida en el marco de la situación que al mundo aqueja, podríamos decir es el detonante o más correcto sería decir: posibilita la diatriba misma.

Lo primero: el ser humano a su derredor crea complejas formas de habitar este planeta, gracias claro al planeta, pues crea las condiciones que este le deja: clima, fauna, flora, orografía, etc. Para este primer punto nos interesa más que nada la fauna, pues son estos, los animales, los que en su consumo han traído para nuestro infortunio enfermedades que han causado estragos en medidas que van de mínimas a proporciones mayores. ¿Cómo ocurre? Al parecer, este resultado lo hemos obtenido por la depredación o caza indebida, es decir, al extenderse la mancha humana sobre el mundo, el ser humano tiende a consumir los animales que encuentra en los ecosistemas en los cuales se establece; en algunos casos, incluso, llegando a lograr su extinción.

No obstante, no es sólo en el caso de los animales, ocurre con las plantas o vegetales; en general, con todo lo que de su alimento funciona. También el fenómeno que venimos pensando se da por la cría o una producción que muchas de las veces, pone en riesgo los animales, ya que las condiciones en que son criados, no son para nada salubres, casi siempre por el afán de hacer crecer la producción con los menores costos posibles. En este mismo tenor, también existe la práctica de cría y comercialización de animales exóticos, inclusive sin un análisis previo de estos. Por ejemplo, del consumo del murciélago, el ébola, se dice, surgió y de las civetas, el SARS nació.

En segundo lugar, quiero pensar en el aprovechamiento de los alimentos, aquí no importa mucho sean productos animales, vegetales o cualquier otro grupo alimenticio; importa si estos son consumidos en totalidad o tenemos la tendencia al desperdicio de los mismos, ya que podríamos decir que el mejor uso posible de los alimentos depende de su acopio y procesamiento apropiado. Aunque, ha habido ocasiones en que se ha demostrado que el mejor uso posible no lo tenemos, a saber, hay constancia de nuestra tendencia al desperdicio, lo cual al parecer ocurre, también, de la mano de producciones planeadas con poca eficiencia o sobreproducción.

A raíz de lo que se ha venido hasta aquí pensando, vemos que nuestro acceso, uso y relación con los productos que usamos como alimento, en mayor medida está contabilizado o quizá no lo está, por ello podemos ver incluso en estadísticas, pues, organizaciones, encargadas u ocupadas del bienestar alimentario de la humanidad, han logrado detectar, para nuestra desgracia, que no del todo es aprovechado, desperdiciando porcentajes que ayudaría a dar alimento a los que menos tienen.

Esta es una situación que sucede y no se ve para cuándo parará. Pero, no es este discurso uno moralizante, las decisiones de cada cual, de cada humano son una decisión particular, no obstante, no estamos solos, como ya se dijo en un principio, el tiempo y las necesidades nos llevaron al ayuntamiento, y de ello deberíamos tener conciencia, esto porque a la larga el mal uso de los insumos alimenticios nos puede llevar a una escases, y más si en la interacción con los alimentos como lo son los animales que al incubar una enfermedad que podría desatar, como lo hace ahora el Covid-19, una pandemia que de no pode ser controlada puede dejarnos sin poder producir nuestros alimentos, entre más catastrófica sean estas pandemias que al parecer gracias a nuestro comportamiento depredador estamos impulsándonos a interactuar con la naturaleza de manera forzada, destruyendo ecosistemas, sin pensar: y mañana… ¿qué habrá de comer?

 

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