Tabacalera, 4 siglos de tradición española

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Los antecedentes de Tabacalera comienzan con la fundación, en 1636, de la Institución del Estanco del Tabaco en España; y no podemos hablar de Tabacalera sin pasar por las distintas fábricas ubicadas en las provincias de España.

Durante el siglo XVI no se tiene noticias de la existencia de fábricas de tabacos en España, solo debía haber pequeños molinos o morteros familiares, donde se preparaba tabaco en polvo o rapé, que era el tipo de tabaco que entonces se consumía mayoritariamente. Los cigarros eran preparados y liados como se podía por los propios fumadores.

En el siglo XVII se produjo un gran incremento del consumo de tabaco, lo que motivó la necesidad de fabricarlo de forma industrializada, primero en su modalidad de polvo y más adelante en forma de cigarros. Así fueron apareciendo las fábricas de tabaco, que funcionarían adscritas a las normas y propietarios que fijaba el Estado en cada momento: los distintos Estancos del Tabaco en España.

Entre 1636 y 1730 las fábricas existentes dependieron de arrendatarios privados, pues el Estado cedió la gestión de la Renta del Tabaco a particulares, mediante contratos de arrendamiento. Entre 1730 y 1887 las fábricas pasaron a depender del propio Estado, pues sería el que administraría directamente la Renta de Tabacos mediante la Dirección General de la Rentas Estancadas (DGRE). Entre 1887 y 1944 las fábricas pasarían a depender de la Compañía Arrendataria de Tabacos (CAT).

Finalmente, a partir de 1944 su propietario sería la empresa Tabacalera SA, que unos años después, tras la privatización de la empresa estatal francesa SEITA, se fusionarían para crear el grupo Altadis, que el 9 de diciembre de 1999 compró al Gobierno cubano el 50 por ciento de la empresa estatal Habanos SA, propietaria y elaboradora de las marcas de los cigarros premium más demandados y valorados del mundo y su red de distribución en el planeta.

LAS FÁBRICAS ESPAÑOLAS

Sevilla

En 1620 se tiene noticias de la primera fábrica de tabacos española en la ciudad de Sevilla. Era propiedad de un particular de origen armenio, que en 1632 se la vende a Antonio Soria, que posteriormente sería el primer arrendatario privado de la Renta del Tabaco implantada en la Real Cédula de 28 de diciembre de 1636.

La fábrica sevillana estaba ubicada frente de la parroquia de San Pedro, en un edificio que había sido casa de comedias, y por ello se la llamó la Fábrica de San Pedro. Su situación era inmejorable, en el principal puerto de intercambio de mercancías con las colonias americanas. Consecuencia directa de su enorme actividad es que muy pronto hubo que ampliar y mejorar sus instalaciones.

Durante el breve periodo de 1684-1687 en que la Hacienda Real Española decide cambiar la política de arrendamientos privados y pasa a gestionarlo directamente, confía su administración a la fábrica sevillana, que también pasó a depender directamente de la Hacienda, y le encomienda la producción exclusiva de tabacos. Este corto periodo vino sin duda a dar un extraordinario impulso a la fábrica de Sevilla, que ya se había ganado un gran prestigio por méritos propios, pues sus productos no tenían competidores, dado su calidad y finura.

La Fábrica de Tabacos de Sevilla, 1728-1771. Grabado de Sebastián Van der Boch.

Entre 1685 y 1687 se acomete una gran ampliación de la factoría, por el entonces administrador Conde de Guaro. Pero la actividad de la fábrica cada vez mayor superó todas las previsiones, y así, a principios del siglo XVIII, sufrió una segunda ampliación ocupando unos edificios colindantes, con lo que llegó a albergar la totalidad de la manzana.

Dado el creciente consumo, de nuevo se vuelve a quedar pequeña, y se pone de manifiesto la necesidad de una nueva expansión, que se realiza el 4 de septiembre de 1714, esta vez por Don Juan Tovar.

La última gran ampliación se produce el 15 de julio de 1726, por D. Juan Carlos Mirail, mediante la cual se incorporaron a la fábrica 13 casas pertenecientes a la Iglesia, en su gran mayoría, junto con varios callejones ciegos.

En 1725, antes de la comenzar la última ampliación de la fábrica de San Pedro, ya se había tomado la decisión de construir una nueva, en Sevilla. En 1728 se inició las obras, pero se interrumpen por diferencias de criterio sobre el proyecto original. En 1750, después de trabajos parciales entre 1733 y 1737, se reanuda definitivamente cuando se constata que la antigua fábrica no reunía las mínimas condiciones de trabajo.

Por fin en 1757 se termina, y el 9 de junio de 1758 entró el primer cargamento de tabaco en la nueva fábrica, por lo que esa fecha puede considerarse como el comienzo de la actividad para la que estaba diseñada. En 1770 se dan por finalizadas todas las obras, después de que en 1760 se aprobara el proyecto que completaría los restantes edificios, y en 1771 se abandonaba definitivamente la antigua fábrica de San Pedro.

Al principio de su funcionamiento toda la producción de la nueva factoría sevillana consistía en tabaco en polvo, que se obtenía en grandes cantidades. Para darnos idea de ello, baste decir que los molinos eran movidos por 113 caballerías. La producción de rapé va decreciendo en el transcurso del siglo XVIII. A lo largo del XIX los molinos van poco a poco enmudeciendo, y por último sustituidos por talleres de fabricación de cigarros y cigarrillos. Sevilla disfrutará durante muchos años, al igual que el resto de fábricas españolas, del alegre ajetreo de las operarias de la fábrica, las cigarreras de la fábrica de tabacos sevillana.

A finales de siglo XIX, la imparable mecanización reducirá drásticamente el número de cigarreras de la fábrica, comenzarán los conflictos laborales típicos de la época, y la cigarrera dará paso a la obrera sindicada con conciencia de clase.

Motín de cigarreras en la Fábrica de Sevilla (marzo, 1885) provocado por los rumores de la introducción de máquinas para el liado de cigarrillos de papel  (las célebres Bonsack) que amenazaba sus puestos de trabajo.

Cádiz

A finales del siglo XVII, en las colonias españolas del nuevo continente el consumo de cigarros estaba realmente generalizado. En España, sobre todo en Andalucía por su contacto directo con las colonias americanas, su consumo fue aumentando paulatinamente, lo que hizo necesario la creación de un primer taller de elaboración de cigarros en la fábrica de Sevilla, y al poco tiempo la construcción de la fábrica de Cádiz, la primera en España destinada exclusivamente a la fabricación de cigarros habanos peninsulares, es decir, con capa cubana y tripa de distintas procedencias a modo de imitación de los tabacos habaneros.

No se conoce con exactitud la fecha de inicio de sus actividades, aunque sí se sabe que en 1731 contaba con 180 cigarreras y dependía administrativamente de la fábrica de Sevilla.

Su primera ubicación fue en la puerta de Sevilla, donde después se levantó el edificio de la Aduana. Después pasó a la calle del Rosario, allí daba trabajo a 580 operarias, todas mujeres, dedicadas a tareas de manufactura de cigarros, las famosas cigarreras de Cádiz.

En 1829 se trasladó a la Alhóndiga. Tras diversas vicisitudes, como su cierre durante un año, 1870-1871, en enero de 1881 por iniciativa del Ayuntamiento se le dio un nuevo impulso, entablándose conversaciones con la Hacienda Pública para ampliar la plantilla de obreras. El Estado acepta la propuesta a cambio de que los gastos de adaptación y ampliación corriesen a cargo del municipio, firmándose un convenio acuerdo entre ambos en septiembre de 1881.

Entre 1883 y 1884 la fábrica sufrirá importantes obras de renovación y ampliación con arreglo al proyecto del ingeniero de la Dirección General de Rentas Estancadas reinaugurándose el 1 de octubre de 1887 con la tecnología más avanzada, razón por la cual fue considerada todo un modelo en su género.

Los compromisos contraídos entre la DGRE y el ayuntamiento de Cádiz, en 1881, fueron incumplidos por el nuevo propietario, la CAT, que sometió a la fábrica de Cádiz, al igual que otras de la península, a una reducción del número de operarios simultáneamente a la mecanización de los procesos productivos, pues de las dos mil 987 operarias que contemplaba el acuerdo pactado, se redujo efectivamente a mil 130.

A finales de la década de 1980, la actividad tabaquera se traslada a una nave industrial a la entrada de la ciudad, después de lo cual el edificio fue remodelado para adaptarlo a Palacio de Congresos. Tras el ERE firmado en 2009, quedaron solo 76 empleados en la nueva fábrica y el 28 de junio de 2013 la planta gaditana de Altadis se cerraba oficialmente.

Monumento a las Cigarreras de Cádiz.

Alicante

Poca información ha llegado hasta nuestros días sobre esta fábrica, que se construyó muy próximo en el tiempo a las de Madrid y La Coruña. No se conoce la fecha exacta de su edificación, pero debió ser sobre principios del siglo XIX, habiéndose reutilizado parte de un antiguo albergue de pobres llamado Casa de Misericordia. Al poco tiempo se quedó pequeña, y en 1838 se amplía, terminando de ocupar casi la totalidad del albergue religioso. Después del grave incendio del edificio en 1844, se reconstruyó ocupando mayor superficie.

Madrid

El edificio que ocupó la fábrica de tabacos de Madrid fue proyectado por el arquitecto Manuel de la Ballina. Comenzado en el reinado de Carlos III, dirigió su construcción, según parece, el arquitecto Pedro Arnal, finalizado en 1790.

La fábrica ha producido todo tipo de tabaco: picado, cigarrillos, caldo de gallina, Ideales, Celtas, Ducados, Puros Faríaas, etcétera.

La fábrica se halla, como se sabe, en la calle de Embajadores (fachada principal) junto a la Glorieta de Embajadores. Tiene dos plantas (baja y principal), de forma rectangular, de 128×71 metros. El edificio, denominado originariamente Real Fábrica de Aguardientes, se construyó originariamente para elaborar y almacenar diversos productos pertenecientes a la Dirección General de Ramos Estancados, como aguardiente, licores, barajas o papel sellado.

Su uso como fábrica de tabacos comenzó con carácter provisional en 1809 en pleno periodo de ocupación napoleónica, al objeto de remediar el desabastecimiento de tabaco en la corte madrileña, y para ello, se reclutó a más de 800 mujeres de los barrios próximos cuya labor, aunque modesta, alcanzó en pocos años un considerable nivel de calidad.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, la fábrica fue disminuyendo progresivamente su actividad, al tiempo que su plantilla se mantenía bajo mínimos, hasta su cierre definitivo, a finales de 2000. En la actualidad es propiedad del Estado y dependiendo del Ministerio de Cultura.

Fábrica de Embajadores.

Las famosas cigarreras de esta fábrica dieron alegría y colorido a calles y plazas de Madrid, dando vida a todo un barrio, con lugares tan emblemáticos como Lavapiés, Embajadores, fuente de Cabestreros, el Rastro, la fuentecilla (Calle Toledo)… conformando la historia de ese Madrid castizo del siglo XIX, con sus verbenas, su música y baile populares, sus patios de corredor o corralas (corralas de Lavapiés), sus leyendas.

Cigarreras retratadas en tantos sainetes:

A las cuatro me levanto

a las cinco el chocolate

las seis lío el petate

las siete a trabajar

entero en un jornal saco

cigarros un millar.

pa repique San Ginés

sale ya a mí el tabaco

las plantas de los pies.

La Coriña (La Polloza)

La llamada fábrica de La Palloza, en La Coruña, se creó a principios del siglo XIX. Estaba ubicada en lo que fue el Arsenal de La Palloza, extramuros de la ciudad, siendo también conocida por el nombre de Almacén General de Víveres.

Fábrica de tabaco La Palloza, La Coruña, postal antigua.

La fábrica constaba de dos edificios independientes y de locales para almacenes y viviendas. En uno de ellos ella se fabricaban los famosos puros Farias, cuya primera referencia de fabricación se remonta a las actas de la Cia. correspondientes a la reunión del 28 de junio de 1890. La fábrica coruñesa llegó a ocupar a unas 3.189 operarias.

Valencia

Fue fundada en 1828 en un palacio construido en 1758 para albergar la Aduana durante el reinado de Carlos III, según el proyecto del intendente D. José de Avilés. Las magníficas estatuas que hoy podemos contemplar en su fachada fueron esculpidas por Vicente Vergara, primer director de la Real Academia de San Carlos.
Hubo cronistas y viajeros que al ver las fábricas de tabaco españolas de Sevilla o Valencia por ejemplo, afirmaban: “En España los cigarros se fabricaban en palacios”.

Vista de la antigua fábrica de tabaco, actual sede del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, año 1900.

La fábrica de Valencia será una de las primeras de la CAT en incorporar las nuevas tecnologías que estaban llamando a la puerta en ese momento. En 1898, la fábrica contaba con dos mil 198 operarias (de las dos mil 800 censadas en 1887), habiéndose mecanizado la fabricación de picadura y cigarrillos. Entre sus principales máquinas destaca un humectador, torrefactor y aerocondensador, una picadora de hebra Flinsch y tres picadoras al cuadrado Portilla, 12 liadoras Bonsack y sendas Leblond, Vilaseca y Rapide, amén de una prensa Flinsch y 36 Meritjot. Todo ello era movido por una máquina de vapor doble de la Maquinista Valenciana de 50 CV por unidad con dos calderas multitubulares De Naeyer de 100 CV cada una.

En cambio, los cigarros se seguían elaborando artesanalmente en dos talleres, uno de cigarros para la exportación y otro de cigarros para consumo nacional, incluidos los cigarros Farías, que se comienzan a fabricar a principios de la década de 1890.

Las nuevas exigencias de la producción y la búsqueda de mayor espacio y mejores condiciones para el funcionamiento de la fábrica, obligaron a cambiar de emplazamiento la factoría. Se eligió un nuevo edificio situado en la margen izquierda del viejo cauce del río Turia, en un solar de 23 mil 800 metros cuadrados, cuando la anterior tenía solo tres mil 72, que se había usado como Pabellón de la Industria en la Exposición Regional de 1909, y que se convertiría en la sede de la nueva fábrica de tabacos en 1914.

La fábrica de tabacos de Valencia. Inaugurado como Pabellón de la Industria en 1909.

Santander
Comenzó su actividad de forma provisional en 1835, ubicada en una sala del Hospital Civil de la ciudad. En 1838 se trasladó a su ubicación definitiva, un antiguo convento de monjas claras, que había servido anteriormente de cuartel.

Progresivamente sus distintos responsables, primero la Dirección General de Rentas Estancadas y después la Compañía Arrendataria de Tabacos, lo fueron adaptando a las necesidades.

En 2002 se construyó una nueva factoría en Entrambasaguas. En 2009 el grupo Imperial Tobacco, propietario actual de la fábrica, decidió concentrar en ella toda la elaboración de cigarros para Europa, incluida la que se realizaba hasta ahora en las instalaciones de Bristol (Reino Unido) y Estrasburgo (Francia), para lo cual tuvo que ampliar la plantilla de 250 a 278 trabajadores y aumentar su producción de 380 a 816 millones de cigarros al año.

El Convento se encuentra ubicado en el número 32 de la calle Alta de Santander, frente al antiguo Hospital de San Rafael, y en la actualidad es utilizado para la Asamblea Regional de Cantabria.

Gijón y Oviedo

La fecha de fundación de la fábrica de Gijón estaría comprendida entre los años 1822 y 1834, según distintas fuentes de información. Se instaló en un convento de monjas agustinas recoletas, en el Barrio de Cimadevilla.

En 1860 se inauguró otra fábrica en Oviedo, ubicada en una antigua fábrica de armas, que producía únicamente cigarrillos, siendo ocupada con operarias procedentes de Madrid. Funcionó solo hasta 1871, y fue absorbida por la de Gijón, que desde entonces empieza a producir también cigarrillos de papel.

En 2000, siendo su propietario el grupo multinacional Altadis, es clausurada y trasladada, tanto la producción como sus operarios, a la fábrica de Santander.

Bilbao y San Sebastián

Estas dos fábricas se fundaron mucho más tarde que las anteriores debido a que las tres provincias vascas tenían sus propios fueros, por lo que disfrutaron de tabaco libre, con un comercio tabaquero más desarrollado. Al puerto de Bilbao llegaba tabaco de múltiples procedencias, como Virginia, Barbados o Kentuky, y los barcos que atracaban en el puerto lo hacían con banderas de todos los países.

La fábrica de Bilbao tuvo que ubicarse fuera del casco urbano de la capital, en Santucho (Begoña). Fue inaugurada el 1 de julio de 1878. Fue la primera en fabricar los cigarros puros tipo peninsulares mediante el sistema Farías, desde mayo de 1889, a un ritmo de 350 mil cigarros mensuales. La patente de fabricación Farías se había formalizado en Madrid el 22 de agosto de 1886, y el contrato de la CAT con sus inventores (Heraclio Farías y Vargas Machuca así como Francisco Vila Camprubí).

La de San Sebastián comienza a funcionar como fábrica el 27 de mayo de 1878, el mismo año que la de Bilbao. Producía unas labores diferenciadas de sus homólogas, que era el tabaco para atender la demanda de los fumadores de pipa, elaborado a partir de hoja de tipo Virginia.

Logroño

Fue la última fábrica del siglo XIX, y se instaló en un antiguo edificio que había sido convento de frailes de la Merced en el siglo XVI que posteriormente se usó para ubicar distintas instalaciones militares. En 1889 comenzaron las obras de adaptación para fábrica de tabacos, inaugurándose oficialmente en 1890. Constaba de dos grandes pabellones, limitadas por las calles del Mercado y Mayor.

Dado que ya se inauguró en plena política de mecanización industrial de la CAT, de inicio fueron instaladas máquinas para la fabricación mecanizada de cigarrillos de varios sistemas: 50 máquinas Fombuena (25/minuto), 7 Borrás (30/minuto), 18 Climent (62/minuto), 10 Vilaseca (30 / minuto), y 6 americanas Comas (160/minuto). Toda la fábrica funcionaba solamente con 440 trabajadores.

En 1978 la CAT decidió dejar la antigua fábrica del centro de la ciudad y trasladarse al polígono de El Sequero, en el término municipal de Agoncillo, a 18 kilómetros de la ciudad de Logroño, donde se construyó una moderna factoría tabaquera en un solar de 214 mil metros cuadrados, que fue inaugurada el 26 de junio de 1978.

En 2002, siguiendo la misma estrategia empresarial que en el caso de la fábrica de Santander, el nuevo propietario, el grupo Altadis de Imperial Tobacco, decidió concentrar en la fábrica riojana toda la actividad de fabricación de cigarrillos en España, para lo cual tuvo que aumentar la plantilla en 89 trabajadores de un total de 663, para conseguir una producción de 33 mil millones de unidades anuales.

En 2011, Altadis Logroño producía la friolera de 27 billones de cigarrillos (unos 140 millones de unidades al día) de las marcas Fortuna, Ducados, Nobel, JPS, Habanos y BN. Como curiosidad, la máquina más rápida produce 16 mil cigarrillos por minuto. La antigua fábrica es hoy la ubicación de la Biblioteca y el Parlamento de la CCAA de La Rioja. Como recuerdo de ella se ha conservado su esbelta chimenea.

Chimenea de la antigua Tabacalera en Logroño.

Tarragona y Málaga

Estas dos factorías tabaqueras se levantaron en pleno crecimiento del consumo mundial de cigarrillos, mediante un decreto del 22 de mayo de 1922 que autorizaba a la CAT para construir estas dos nuevas fábricas.

Las obras de la fábrica de Tarragona comenzaron el 1 de julio de 1923, pero se tuvieron que paralizar al encontrarse el feliz hallazgo de una necrópolis hispano-romana. No obstante, las obras destruyeron los restos de una basílica martirial dedicada a San Fructuoso y sus dos diáconos, documentada como de tres naves, cabecera y ábside. Reiniciadas las obras, previo cambio de los planos y de su ubicación, la fábrica se inauguraría a principios de 1933, dotada de la más moderna tecnología, que constituyó en ese momento un verdadero modelo de factoría tabaquera.

En 1964, se convirtió en el primer centro productor de Tabacalera SA en España. En 1966 se inauguró la primera planta de bateo de tabaco de la marca Ducados, y a finales de la década inició la producción de tabaco rubio marca Bisonte. En 1970 producía unos 30 millones de paquetes de tabaco mensuales, y en los años 80 la producción era de unos cinco mil cigarrillos por minuto.

En 2003, el grupo Altadis, como dijimos arriba es resultado de la fusión en 1999 de Tabacalera SA y la francesa SEITA, comunicó la decisión de cerrar la planta, cuando el personal ya se había reducido a 250 trabajadores que mantenían el nivel de producción, principalmente de las marcas Ducados, Fortuna y Nobel.

Anilla de la firma francesa SEITA.

La fábrica de Málaga no encontró dificultad alguna y se construyó entre 1923 y 1927. El conjunto fabril se ubicó en la orilla occidental del río Guadalmedina, en el barrio de Huelin, no obstante no llegó a inaugurarse como fábrica, pues cuando casi estaba finalizada se desistió de su finalidad, siendo entregada al Servicio Nacional del Cultivo y Fermentación del Tabaco.

Hubo que esperar hasta el 30 de septiembre de 1974 para que oficialmente se autorizase su uso como fábrica de tabacos. Las obras de adecuación se prolongaron durante tres años, inaugurándose en diciembre de 1977.

Fábrica de Tabaco de Málaga.

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