Los emigrantes catalanes comerciantes, primeros industriales tabaqueros de Cuba

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TABAQUEROS ESPAÑOLES EN CUBA Y SUS MARCAS

Tercera parte 

Por José Antonio Ruiz Tierraseca

En la segunda entrega me referí a los emigrantes canarios, que fue siempre cuantiosa y sostenida, tanto que puede considerarse una de sus principales raíces culturales y etnográficas.

Pues en esta tercera entrega la dedicaré a los emigrantes catalanes.

La emigración catalana a América tiene su principal origen en los Reales Decretos promulgados por el monarca español Carlos III a partir de 1778 que intentan liberalizar el cultivo y comercio del tabaco con el libre flujo de mercancías entre los puertos de España y las colonias. Los comerciantes más beneficiados por estas medidas fueron los catalanes, sobre todo los dedicados al tráfico de la caña de azúcar y al tabaco.

A finales del siglo XVIII, Cataluña era, junto a Cádiz, los dos principales focos comerciales del Reino de España, pero mientras que Cádiz se comportaba como un mero depósito de materiales diversos, Cataluña comerciaba con todo tipo de géneros de primera necesidad.

Hacia 1830 los catalanes tenían ya acumulada una valiosa experiencia ultramarina: habían conseguido permear el anticuado sistema colonial español en América desde la época de las reformas de Carlos III, consiguiendo que sus barcos, sus hombres y sus productos cruzaran el Atlántico. En pocas palabras, entre las décadas 30 y 70 del siglo XIX, Cataluña se hizo con las colonias españolas de Ultramar.

 

Diversos testimonios cubanos nos hablan a las claras de la dedicación mercantil de los catalanes en Cuba. Decía la condesa de Merlín: La clase media comerciante se compone, en su mayor parte de catalanes que, llegados sin patrimonio a la isla, acaban por hacer grandes fortunas, comienzan a prosperar por su industria y economía y acaban por apoderarse de los más hermosos patrimonios hereditarios, por el alto interés a que prestan su dinero”.

Otra referencia la tenemos en un bando del gobernador militar de Santiago de Cuba en el que se decía entre otras cosas:Se recuerda que los catalanes de tiendas presenten las licencias de éstas, pues hay una multitud de jóvenes forasteros catalanes, que se ignora por donde han venido”.

Ya a comienzos de la década de 1780 aparecen algunos nombres de pioneros catalanes como Bernardino Rencurrel, explotando ingenios de azúcar junto a otros socios catalanes como Juan Conill y Pí. Rencurrel fundaría en 1810 la primera fábrica de cigarrillos de Cuba, en la calle Muralla esquina a Oficios. En aquellos tiempos sólo vendían al menudeo los establecimientos llamados tabaquerías y cigarrerías. De hecho, Rencurrel junto con otros catalanes, aparecen ya involucrados en las revueltas de vegueros de 1792. Ambos fueron miembros fundadores, en agosto de 1841, de la Asociación de Beneficencia de Naturales de Cataluña.

Juan Conill y Pí, llegado a Cuba a finales de la década de 1820 procedente de su ciudad natal, Lloret de Mar, muy pronto funda el primer almacén de tabaco en rama de La Habana Vieja, dedicándose a la exportación de este producto. Es sin duda una figura de especial relevancia en el desarrollo de la industria tabaquera moderna en Cuba, fue un maestro en la transformación del tabaco y su elaboración, llegando a convertirse en el primer almacenista de la Isla, aprovechando la real cédula de 11 de abril de 1817 promulgada por Fernando VII por la que se derogaba el Estanco del Tabaco y que duró unos pocos años (hasta el 1824), así mantuvo importantes negocios con la Renta de Tabacos española.

Conill, además de almacenista en rama, era propietario de fincas para cultivo de hoja de tabaco y fabricante bajo la marca Alianza, banquero, concejal del Ayuntamiento de La Habana, fundador de la refinería de petróleo de la Chorrera, y otros muchos negocios más. Bajo su tutela y amparo, ayudó a multitud de catalanes a introducirse en el mundo de los negocios y en especial del tabaco.

Miguel Jané y Gener, oriundo de la localidad de L’Arboc, Tarragona (comarca del Penedés), fue uno de los primeros alumnos de Conill y el fundador de la fábrica La Majagua, una de las marcas más antiguas de Cuba. José Gener y Batet , sobrino de Jané y también nacido en L’Arboc, llegó a Cuba con 13 años y guiado por su tío y el mismo Juan Conill alcanzó la gloria y la fama como uno de los tabaqueros más prestigiosos de Cuba. Y de él vamos a saber algo más:

DON JOSÉ GENER BATET

Don José Gener Batet nació en L’Arboc del Penedés provincia de Tarragona en 1831, su padre carpintero carretero, cuya especialidad era la fabricación de toneles, barricas para contener vinos y alcoholes que se exportaban a Cuba y a las otras colonias, por los puertos del Vendrell y los cercanos a Tarragona.

Su madre Antonia Batet Suriol ayudaba a su marido todo el tiempo que la atención de sus 10 hijos le permitían. Ante este panorama, el matrimonio Gener-Batet, mandan las correspondientes licencias paternas a su hijo José de 13 años de edad a vivir en Pinar del Río, Cuba, con su tío Miguel Jané.

Hay que aclarar que en relación con los apellidos Gener, Gene, Janer y Chinés, son modalidades de un mismo linaje.

Poco después de llegar a Cuba, entra a formar parte de los pupilos protegidos por Juan Conill Pí, donde además de su tío, Miguel Jané, diez años mayor que él, estaban Jaime Partagás, Juan Armengol, Julián Rivas, Bernardo Rencurrell, Rabell Pubill, Alsina, Faré, Pedro Roig, Antonio Durán, etcétera. Casi todos ellos, años después, fueron famosos en el mundo del tabaco.

De 1850 a 1865, 15 años de vida intensa, en los que aprende todo lo necesario sobre el tabaco, compra la finca del Hoyo de Monterrey en San Juan y Martínez, Pinar del Río, edifica su casa a la entrada de la propiedad, utiliza maderas nobles, casi todas de caoba de Cuba y la decora con cerámicas traídas desde Barcelona, en 1861 se casa con Francisca Seycher de León, hija de militar y de una medio aristócrata nacida en Louisiana.

La vida de José Gener Batet comienza marcada por un destino pleno de incidencias y acontecimientos singulares en los que de forma directa o indirecta interviene y se apuntan a otros de mayor relevancia en lo que se vio atrapado, este hombre actuó recto y honrado, que ante las dificultades en que se vio metida la Patria no dudó, en un momento determinado, en abandonar sus trabajos, sus quehaceres, familia y acudir a ofrecerlo todoy si era preciso su vida que si al fin la libró no fue por no exponerla.

En 1864, parece ser, no está confirmado, la cosecha no fue buena, los precios estaban a la baja y por consejo de su maestro Juan Conill, le anima a dejar de vender y crear su propia fábrica de tabacos torcidos, si se confirma que José Gener se dedicaba exclusivamente en su finca del Hoyo de Monterrey a cosechar y almacenar tabaco en rama para surtir, entre otros, a Juan Conill. El hecho es que pasar de veguero a fabricante lo consideró como una escepción, y esta excepción significó el nombre de la fabrica fundada en 1865.

José Gener era un hombre de mucho carácter, terco y caprichoso, así unos acontecimientos puntuales marcarían su vida, uno de ellos fue la original idea de constituir y dar nombre a su tabaquería “La Escepción”, hoy escrito así, resulta una falta de ortografía pero en 1865 esta situación era la misma, por documentos de aquellos años, parece ser que la x no se utilizaba, por lo tanto no es verdad lo de su incultura, pura y auténtica fantasía, su formación cultural fue amplia y sólida.

Habilitación litográfica de la marca La Escepción de José Gener y Batet.

Además existe constancia de que fueron numerosos sus artículos publicados en revista de la época, en los que aportaba los puntos de vista de la causa cubana, firmaba con el seudónimo de Un Demócrata Convencido; también su libro, de gran difusión en España y en la isla de Cuba, titulado: Proyectos para resolver la gran crisis económica en Cuba, son pruebas irrefutables de que su cultura era más que aceptable.

Otro acontecimiento más en su vida y que le marcaría para siempre, fue el hecho de acatar la orden de fusilamiento en 1871 de los estudiantes de medicina que profanaron las tumbas de los periodistas, Castañón y Guzmán, ambos héroes del partido gubernamental.

El entonces gobernador, general Crespo, dio orden de detención contra ellos, fueron interrogados y juzgados por un tribuna compuesto por miembros de los regimientos de voluntarios, que finalmente absolvió a dos de ellos, otros 31 fueron condenados a trabajos forzados y ocho a muerte.

José Gener Batet en su condición de Coronel del sexto Batallón de Voluntarios de La Habana le tocó presidir el consejo de guerra contra estos estudiantes y él también fue el encargado de salir al balcón de la plaza para anunciar los nombres de los ocho estudiantes condenados a muerte.

Esta zozobra nunca le abandonaría, ocasionada por esa condena que él anunció y que concluyó con el fusilamiento de ocho jóvenes, algunos pertenecientes a familias españolas. José Gener añoraba su Cataluña natal y viaja a España en 1875, arriba a su pueblo en triunfador y como persona admirada.

Participó intensamente con sus ya famosas marcas en la Exposición Universal de Barcelona, celebrada en el año 1888, es conocido y famoso que construyó a sus expensas un pabellón propio dentro del recinto ferial y lo remató con una estatua de Cristóbal Colón de 2.20 metros de altura, réplica en pequeño, de la que el mismo escultor, Rafael Alché esculpió para rematar el monumento a Colón en el puerto barcelonés.

La hacienda de Gener fue vendida a unos amigos que residían en Holguín.

Después de tantas vicisitudes, regresó definitivamente a España el tabaquero, José Gener Batet que supo crear un mito en el mundo del cigarro, con una calidad inimitable, sus últimos años hasta su muerte en 1900, los vivió preso de profundo pesar y dolor.

Anilla José Gener con el anagrama del Rey Español Alfonso XIII
Anillas José Gener: Reina Vitoria de Inglaterra
Anillas José Gener: Eduardo VII

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