Cavalier Genève Cigars, de Ginebra para el mundo

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Por César Salinas

Ginebra es una tierra de mujeres y hombres singulares como Sebastien Decoppet, quien un día, fumando un puro en la gran tabaquería desde donde Zino Daviddof cambió la historia del tabaco en Europa, y en el mundo, tuvo una anunciación. Así que a los 22 años renunció a su trabajo, lo vendió todo y se embarcó a Centroamérica, sin saber una palabra de español. Hoy, seis años después, tiene su propia fábrica y una marca que se vende en una docena: Cavalier Cigars.

Hay quienes construyen su propia historia, quienes queman las naves persiguiendo sus sueños, es la impresión que me da Sebastien, quien por teléfono no aparenta los apenas 28 años que tiene. Habla con seguridad, sin adornos, es directo y nada egocéntrico, al contrario, me parece alguien humilde y centrado.

Ginebra y el tabaco

Nació en agosto de 1991 en Zurich, es francoparlante, pero desde muy pequeño radicó en Ginebra. Nadie en su familia se dedicó al tabaco, ni lo consumían; estudiosos, doctores en derechos, abogados, trabajadores de bancos, “ese camino tradicional suizo”.

Pero ese no era su camino, no lo quería. Se metió de contratista, y tras un tiempo, llegó a Japan Tobbaco International, y pese a que no entonces no se envolvió directamente con el tema, comenzó a leer sobre el mundo del tabaco y sus procesos, “lo que me parecía muy interesante. Allí estuve dos años, en una sucursal de Ginebra”.

Hay un nombre, por supuesto, que marca todo en la ciudad: Daviddof, la primera tienda en Ginebra, con toda la historia que ya sabemos: El padre de Zino ya elaboraba puros en la antigua Kiev, Ucrania, y era especialista en tabaco oriental, e instaló un modesto negocio en Suiza, a donde la familia huyó y se estableció.

Tras su viaje a América y después de vivir dos años en Cuba, donde su vida y visión de los cigarros Premium cambió, Zino regresó a Suiza y convirtió el negocio en el estanco más exclusivo de Europa. En la Rue de la Confederation en Ginebra, importaba los mejores habanos e inventó la primera instalación de almacenamiento de cigarros con control de temperatura y humedad en el sótano de su famosa tienda: un humidor.

“Pasé muchas veces por ahí pero no me decidía a cruzar la puerta. Un día entré, el servicio, el profesionalismo me sorprendió; probé mi primer tabaco, y supe. Poco a poco frecuenté el lugar, comencé a interesarme, a leer sobre Honduras, Nicaragua, República Dominicana, México, Cuba por supuesto, hasta Camerún”, cuenta Sebastien.

Fue tanto el gusto por la experiencia, que al día siguiente volvió. Y al siguiente, y siguiente de ese.

Decoppet afirma, con razón, que Zino cambió todo en Ginebra, la puso en el mapa e historia del tabaco en el mundo.

“Es un lugar que marcó la historia del tabaco en Europa, desde el punto de vista del consumidor. A través del primer humidor que creó Davidoff, porque antes se tenía que consumir el tabaco cuando se compraba, y él cambió esto, porque se podía guardar y madurar”.

Ginebra es una de las plataformas mundiales y uno de los lugares donde se vende grandes porcentaje de puros pero sobre todo habanos, en comparación con la gente que vive, por ejemplo, en toda Suiza. Es uno de los mercado más importantes de Europa.

El viaje a América, viaje de inciación

Como Zino a los 19, Sebastien a los 22 dejó todo por alcanzar su sueño, a lo que sabía, estaba destinado: “Vendí todo lo que tenía en Ginebra, compré un boleto y viajé a Centroamérica, y no sabía cuándo iba a regresar”. Su encuentro con el tabaco estaba escrito en algún lado, porque apenas tocó tierra, todo fue encajando como engrane de madera japonés.

“No tenía claro qué iba a hacer, lo que sí tenía claro es que tenía que estar ahí para entender de qué se trataba. La historia y la gente detrás del tabaco. Ir, ver, aprender, vivirlo, eso es lo que tenía en mente”.

Llegó a finales de agosto, principios de septiembre de 2014. Quería llegar a República Dominicana y de ahí comenzar, pero le aconsejaron no llegar directamente al Caribe por la temporada de huracanes, sino comenzar por el continente. Honduras fue el destino.

El viaje fue Ginebra-Tegucigalpa, no hablaba una sola palabra de español, sólo se fue, sin más. Tras unas semanas de haber llegado tuvo la enorme suerte de hacerse amigo de Adín Pérez, quien resultó ser ni más ni menos que el sobrino de Néstor Plasencia.

Buscando saber, adentrarse al mundo del tabaco, prácticamente tropezó con Plasencia Cigars cuyo origen se remonta a 1865 en Cuba, cuando Eduardo Plasencia comenzó a sembrar tabaco sin saber que su negocio trascendería cuatro generaciones regadas en Honduras y Nicaragua, empleando a unas más de seis mil personas.

De pronto Sebastien se encontraba allí.

“Adín me llevó a la fábrica de Don Néstor Plasencia, lo conocí, los conocí a todos, me quedé con la familia en Honduras por un año, viajando a otros países alrededor pero trabajando y aprendiendo con ellos. Me dijeron, si quieres aprender quédate con nosotros, ahí está la fábrica, y si tienes preguntas nos vienes a ver”.

Con la familia Plasencia aprendió a rolar, a ponchar, despalillar, supo de pilones, de procesos de fermentación, de hojas, capas, tripas, capotes; supo de embalaje, empaques, anillas, pasaba mucho tiempo en las fincas. Y aprovechó para conocer el mercado: viajó a República Dominicana, Nicaragua, Cuba.

“Pero la mayoría del tiempo la pasaba en Honduras, era mi casa. Tuve mucha suerte porque encontré lo que buscaba: entendí los procesos, y que del tabaco lo que importa es la gente, la historia de quienes lo hacen, su cultura.

Porque la familia Plasencia se tomó el tiempo de enseñarme, invitarme a su casa; les dijo “quiero aprender”, ellos abrieron sus puertas, y lo acogieron, “y eso me parece la cosa más extraordinaria, porque para ellos yo me volví familia”, confiesa.

Cavalier Cigars

Al cabo, volvió a Suiza con un mundo de conocimientos en su mente y experiencias inolvidables en el corazón; volvió otro, pero el mismo, y era tiempo de continuar con su destino. Puso manos a la obra: crear Cavalier Cigars.

La historia de este nombre, y el diseño de la marca, tiene como protagonista a David Rojas, amigo de Sebastien, fumador, pintor, apasionado de tatuar, y tenía un bar donde captaba a jóvenes para pintar murales, a los cuales les pagaba.

“Un día hablando con él le hablé sobre la idea de la marca, de la imagen que buscaba. Sé lo que quiero hacer como tabacos, pero me es muy difícil pensar en el diseño. Él me enseñó unos diseños, entre los cuales se encontraba el actual logo de Cavalier Cigars”.

Intentó comprárselo, “¿cómo?”, le dijo, “¿me estás diciendo que esta marca viajará contido a otras partes del mundo. Te lo doy, es tuyo, llévatelo”. Sebastien insistió, pero David fue más firme.

“Cuando llegué a Suiza y estaba decidiendo sobre el logo, y el diseño, recibo la noticia de que David había muerto, era muy joven, 33 años tenía. Tenía una fuerte historia con el tabaco, conmigo mismo, era mi amigo, me presentó a mi esposa, encontró mi primer departamento en Honduras. Lo decidí: voy a llevar a mi amigo conmigo, como él quería, por el mundo”.

El dibujo era un hombre llevando un caballo, precisamente, un cavalier en francés.

No fue fácil construir la marca: “Lo más complicado es entender y aprender el mercado y la oferta, y lo que uno hace. No tenía ninguna experiencia en marketing, pero mi esposa tenía conocimientos en arte, así que tras meses y meses de pensar cómo ofrecer un producto distinto”.

Su esposa le dijo que necesitaban un símbolo, más que un logo, así fue como llegó la idea del diamante de oro que lleva cada puro de Cavalier Cigars.

Actualmente llegan a Norteamérica, parte de Europa, África, Asia y este 2020 buscan entrar a Medio Oriente, México e incluso Nueva Zelanda. Al final de este año la marca que soñó Sebastien hace casi una década llegará a 35 países.

“Cuando hice las ligas lo que me importó fue la complejidad, qué tan complejo puede ser un tabaco sin enfocarnos solamente en la fortaleza.

Tienen tres líneas: Whit Series, emblema de la marca, en sus vitolas Medio (3.5×58), Elegantes (4.5×52), Diplomado (5.5×56), Toro (6×52), Churchill (7×48), Salomones (7x50x58) y Lancero (7×38), de fortaleza baja a media, con capa Connecticut, y ha sido premiada.

Black Series es una línea exclusiva en Estados Unidos de fortaleza media, aromático, que cuenta con tres vitolas: Robusto (5×50), Toro (6×54) y Corona doble (7.5×52), con tabacos habanos de Nicaragua, y recientemente lanzaron Negro II, soft boxpressed, en sus vitolas Robusto (5×50), Robusto Gordo (5×54), Toro (6×54), Toro Gordo (6×60) y Torpedo (6×52).

“Es un producto de calidad, con rotación de vitolas cada seis meses, una producción con mucho cuidado. Nuestra fábrica está en Honduras, y tenemos nuestra base en Suiza, donde se encarga mi padre; mi esposa y yo radicamos en Estados Unidos para trabajar este mercado. Vivimos un momento de expansión internacional, tenemos muchos viajes en puerta, lo próximo es llegar a México”.

Sin duda, Sebastien Decoppet está construyendo su propia historia, en un camino que apenas recorre pero que al parecer, le estaba destinado.

 

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