Tabaqueros españoles en Cuba y sus marcas. Segunda parte

0
128

Como dejé escrito en mi anterior artículo, al calor de este auge de la industria del tabaco en la Isla acudirían emigrantes de todo el mundo, pero sobre todo españoles, y más concretamente canarios, catalanes, asturianos y gallegos.

Así que comenzaremos por:

EMIGRANTES CANARIOS: LOS VEGUEROS ISLEÑOS

La emigración canaria a Cuba fue siempre cuantiosa y sostenida, tanto que puede considerarse una de sus principales raíces culturales y etnográficas como lo prueba su notable influencia en la cultura cubana actual o la pronunciación peculiar del castellano en Cuba. Es raro el cubano que no tenga parientes en Canarias, y menos el que no lleve un apellido guanche.

La presencia de habitantes de Islas Canarias en Cuba está suficientemente constatada desde el mismo momento de su conquista por los castellanos. Durante el siglo XVI, la emigración canaria se compone fundamentalmente de colonos y fundadores agrupados en bloques de familias que se dirigen sobre todo a Cuba, La Española y Puerto Rico.

A partir de la segunda mitad del XVI, comienza a expandirse el cultivo del tabaco en las fértiles tierras del interior de la isla, utilizando las vegas de tierra más propicia próximas a los ríos.

Unas eran compradas y otras arrendadas por campesinos isleños, dando lugar a una cultura propia canaria: los vegueros, que al contrario del cultivo latifundista y esclavista del azúcar o de la producción tabaquera del sur de los Estados Unidos, en Cuba, su explotación se llevó a cabo en régimen de pequeña propiedad, explotada en su mayoría por isleños, grandes conocedores de este oficio desde antes de emigrar a la Isla antillana.

Habilitación que ilustra como podría ser un chinchal familiar o pequeña explotación tabaquera de vegueros isleños en Cuba.

Las Reales Cédulas de 1574 y 1599 prohibiendo la emigración canaria a Indias fueron una respuesta de los terratenientes canarios ante la falta de mano de obra provocada por la emigración. La sangría continuó con o sin prohibición pero provocando un encarecimiento del viaje, que no era atribuible a la subida del precio del pasaje sino al coste de las licencias oficiales. La emigración clandestina llegó a adquirir tal dimensión que en 1574 la Corona prohíbe el embarque de vecinos de Gran Canaria.

Después de un gran auge económico en el siglo XVII debido al cultivo y exportación de sus famosos vinos malvasía, se abate una grave crisis en el archipiélago, provocando la emigración masiva de canarios entre los años 1698 y 1786. La Real Cédula de 1678 vendrá a justificar y apoyar esta situación, pues sería el origen del denominado tributo de sangre o también llamado derecho de familias, que era una especie de pacto por el que se poblaban los territorios deshabitados de América a cambio de mantener a las Islas Canarias en el disfrute del comercio privilegiado con el continente americano (50 familias o 250 emigrantes por cada mil toneladas), de tal forma que no constituía una emigración forzada, sino una especie de captación voluntaria entre aquellos grupos que mostraban mayor predisposición para ir a Cuba u otras posesiones españolas en América, para lo cual se les convencía de lo conveniente que resultaba para ellos y para sus familias el asentarse en aquellas tierras vírgenes y de enorme feracidad, dotándoles de auxilios económicos, incentivos para el viaje, posesiones de tierras y otros útiles necesarios para la labor agrícola. Con ello se conseguía alinear los intereses mercantiles de las elites canarias con la política colonizadora de la Corona española.

La actividad principal de la mayoría de estos canarios emigrados a Cuba fue especialmente en el sector agrícola y en menor medida ganadero. Un reducido porcentaje permanecía en las ciudades y pueblos dedicados a la venta al pormenor, amén de otras actividades subsidiarias.

Solían ser típicamente personas jóvenes, saludables para soportar el rigor climático del Caribe y en edad laboral; los padres de familia no deberían ser mayores de 40 años ni con menos de 18, a veces con niños y personas mayores para mantener la unidad familiar.

Parece un hecho constatado que los canarios establecidos de forma permanente en Cuba no destacaron como industriales ni como comerciantes tabaqueros, y tampoco fundaron tabaquerías de importancia en Cuba. Sin embargo resulta curioso que sí lo hicieron, y con gran éxito, a su regreso de Cuba en sus Canarias de origen, lo cual resulta difícil de entender si no tenían una experiencia previa.

Investigaciones recientes ponen de relieve la importancia de los canarios como vegueros (cultivadores) o como dueños de chinchales (pequeñas industrias), pero la relación entre emigrantes y la industria tabaquera en Cuba apenas ha sido estudiada. De lo que no parece haber duda alguna es de la importante contribución de los canarios a dicha industria.

Muchas ciudades y villas cubanas fueron fundadas por emigrantes canarios, como Guane, Consolación, Candelaria, Santiago de las Vegas, Mayari, entre otras.

Prueba de la importancia canaria en el desarrollo del cultivo del tabaco en Cuba es la fundación de la ciudad de Matanzas, en un sitio privilegiado de la geografía norte de Cuba, entre la desembocadura de los ríos Yumurí, San Juan y Canímar. Fue propiciada en 1693 por la propia monarquía española, materializada con 30 familias de inmigrantes canarios mediante un sorteo para el repartimiento de las 33 caballerías de tierra con amparo a la Ley de Indias, como figura literalmente en el acta de fundación de la ciudad (se cree que la mayoría eran de la ciudad tinerfeña de San Cristóbal de La Laguna). Se cita textualmente:

“Para facilitar la emigración y poblamiento, la monarquía hispana dispone: que a cada persona emigrante se le entregue un doblón de cuatro escudos de plata y se les exonere de los gastos del pasaje. A cada familia se le provee de dos azadas, dos hachas y una barra de hierro. A cada cincuenta familias se les entrega doscientas libras de hierro y cincuenta de acero para construir machetes y otros objetos necesarios. Una vez en América, se les reparten tierras para solares y peonías, semillas para labranza, ganado de vientre al objeto de incrementar la reproducción, y se les exceptúa del pago de impuestos”.

El establecimiento de fabricantes tabaqueros canarios en Cuba los podemos encontrar por toda la isla (especialmente en la zona de Cabaiguán) registrados como propietarios de pequeñas tabaquerías, chinchales o explotaciones familiares.

Hubo gran número de fábricas en la zona centro de Cuba propiedad de isleños. Algunos nombres son: El Guanche, LucumíTeideDortaNicaperVargas, Bauzá y Yanes (esta última del palmero José Yanes Barreto en sociedad don Juan Bauzá Vilela llegó a tener hasta 400 obreros, y fue la mayor fábrica de tabaco fuera de La Habana).

Tal vez la menor presencia de los canarios en la vertiente industrial y comercial hay que buscarla en su deseo de mantener su condición campesina y de permanecer como expertos cosecheros de tabaco, sin entrar en la fase ulterior de manufactura, donde sus habilidades serían insuficientes para garantizar el éxito. Esta separación entre el ámbito agrícola e industrial del tabaco no parece privativa de Cuba. En otros países donde rige la libertad de cultivo y comercio de tabaco, como la República Dominicana, el cultivador tampoco se muestra interesado en entrar en el ciclo de la manufactura. Pero en el caso cubano, se trata de un rasgo tradicional inducido por las condiciones propias del cultivo y la forma de comerciar con el producto que impidieron que los vegueros cambiasen sus pautas de comportamiento.

Anillas chinchales cubanas de propietarios vegueros isleños de Cabaiguan (Lucumi y Bauza).

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí