Deporte y tabaco, la aventura de encender un puro en la meta del maratón

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Por Michel Texier V.

“El fumador de puros es dueño de su placer, el de cigarrillos es esclavo de su vicio”, Hernan Bernat

El pasado 14 de enero, Joe Burrows, quarterbacks de los LSU Tigers conmemoro el triunfo frente a Clemson por 42 a 25 en el Campeonato Nacional del Futbol Americano Universitario encendiendo un puro en el vestuario aun con el equipo puesto sobre sus hombros en una imagen que dio la vuelta al mundo y género no pocas polémicas entre los detractores del tabaco y entre aquellos que por décadas han querido romper el vínculo entre tabaco y deporte.

Lo de Burrows cobra aún más notoriedad por el hecho que, probablemente, será el número uno del Draft de la NFL el presente año y porque la camiseta número 9 de Lousiana State cerró con 463 yardas y cinco touchdowns una temporada de ensueño en el futbol colegial norteamericano completando 5 mil 671 yardas totales y 60 touchdowns, constituyendo ambas marcas segunda y primera de todos los tiempos, respectivamente.

LSU Football/Twitter

Sin embargo lo de Burrows no es ni tan sorprendente, ni menos novedoso, como muestra, en las fotografías que acompañan este articulo podemos ver a Joaquim Purito Rodríguez, ciclista profesional español de larga trayectoria; Michael Jordan, que no necesita presentaciones de ninguna especie, y Miguel Angel Jiménez, golfista español ganador de 42 títulos en su carrera, quienes durante toda su carrera deportiva fueron vistos con frecuencia fumando puros y habanos al término de sus carreras o partidos, en el caso de Rodríguez y Jordan e incluso durante la competición misma, en el caso de Jiménez, beneficiado por el hecho de practicarse el golf al aire libre.

Brian Sanders/Reuters
Brian Sanders/Reuters

También tenemos la histórica y masificada practica de los jugadores de beisbol en la MLB de mascar tabaco, escupiendo constantemente durante los juegos producto de la abundante salivación que esta práctica genera, y con la frecuente anécdota de hacerlo en vasos de alguna bebida auspiciadora de los cuales más de alguien bebió por error, distraído por la dinámica y las tensiones propias del juego.

Andrew Redington/Getty Images
Andrew Redington/Getty Images

Como anécdota personal, de la cual les dejo también la foto, me di el gusto largamente anhelado, de completar la Corrida de San Silvestre en Sao Paulo, tradicional prueba de calle de 15 kms efectuada por la mañana del 31 de diciembre de cada año y ser recibido en la meta por mi gran amigo Carlos Luciani (sí, el mismo de los enfrentamientos de billar en Buenos Aires) con una copa Glencairn llena de Glenfarclas 12 (obsequio del gran Axl Badia) y un purito Perdomo Champagne 10 aniversario de los cuales el representante de la marca en Chile, Boris Chiffelle, tiene siempre a bien proveerme.

Entonces la cuestión es la siguiente: ¿cuál es la valoración ética del hábito de fumar puros y habanos en el contexto de la práctica deportiva? Como muchos de los que me leen saben, mi trabajo se desarrolla en el ámbito de la alta competencia y, en 25 años de trayectoria, nunca fumé en un contexto de trabajo, ni siquiera en los ratos libres que toda concentración o campeonato tiene, sin embargo no lo hice porque comparta las actuales prohibiciones existentes en la relación entre tabaco y deporte sino, fundamentalmente, por diferenciarme de aquellos que fumaban cigarrillos y que, esclavos como son de su vicio, nunca logran dejar esta práctica de lado en sus espacios de trabajo.

Cuando se habla de los efectos nocivos del tabaco, pienso siempre en cigarrillos, adicionados hasta el extremo de sustancias adictivas, acelerantes en el papel, productos químicos en los filtros, jamás en el honesto y simple puro, cuidado desde la siembra, torcido con cariño y cuidado, cuyo humo no se aspira, sino se saborea, y que provoca siempre una sensación de placer, tranquilidad y descanso, que se disfruta pausadamente, aún mas cuando es entre amigos, que desde su corte y encendido nos entrega segundos de dedicación, imágenes que perduran más allá de cuando el puro ha terminado su tarea descansando sin ansiedad alguna sobre el cenicero, ¿o no les llama la atención que los cigarrillos terminen siempre en un filtro apagado de manera retorcida y violenta y en cambio un puro sencillamente se deje apoyado para perder lentamente sus últimas brasas en contacto con el aire?

Lo de Burrows me representa plenamente, no se me ocurre una mejor forma de concluir un proceso deportivo llevado a término de manera exitosa que instalarme en el lugar de descanso, escoger el puro indicado para el momento, encenderlo, y olvidar durante toda la fumada, las ansiedades previas, los temores, la inseguridad, la falta de concentración, para centrarme en el triunfo, en el éxito, en la meta cumplida, esa que se hace más dulce y más grata, con el rollo de tabaco encendido en la mano, la respiración pausada, y la mirada algo perdida mientras volvemos a pasar por nuestra mente las imágenes más relevantes de la tarea recién concretada.

Como escribió Mario Quintana, gran poeta brasileño, “desconfía de los que no fuman (puros y habanos), ellos no tienen vida interior, no tienen sentimientos, el cigarro es una manera sutil y disfrazada de suspirar”.

 

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