Lola, la mujer detrás de Puros Sihuapan

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Por César Salinas

Como el resto de los países donde se cultiva y se hace puros, las historias de torcedoras abundan, la mujer en el proceso del tabaco es, como ya sabemos, esencial; y como lo sabemos también, pocas se ven en los pasillos y salones, en las ferias y presentaciones de puros, promocionando sus empresas. En México hay pocas; Dolores Parra, dueña de Puros Sihuapan y Cigar Somelier, es una de ellas.

Lola, como todos la conocen, es de frases cortas y las cosas, como van, sin adornos ni albures. La conocí cuando estaba al frente de mi tabaquería, Torre de Madero; sus elegantes cajas, su impecable presentación, el buen gusto e intenso sabor de sus puros, Sihuapan, Sihuapan Premium, Monyaz y Larios, me cautivaron. Y ella misma, con su acento costeño y su magnética personalidad.

Su fábrica está no muy lejos, apenas unos pasos, de Tabacalera R. Paxtián. Es un pequeño taller, porque es una pequeña empresa: cajones de tabaco, refrigeradores, anillas, tragacanto, paquetes, celofanes, guillotinas, mazos de puros… pero todo duerme, porque es domingo, día de descanso.

Dolores nos invita a pasar a su oficina, llena de historia, con fotografías de todo tipo de suceso importante, diplomas, libros, ceniceros. Nació en San Andrés Tuxlta, “pero soy 100 por ciento sihuapeña”.

Inicios

En Sihuapan transcurrió su infancia y adolescencia. “Pues cuando pensé en poner mi microempresa pues no sabía fumar así que empecé. Mis amigas me decían que estaba loca, pero una amiga tabasqueña siempre me dijo, qué hombres ni qué la chingada, tú éntrale.

Vine a Sihuapan para buscar contactos pero todos me cerraron las puertas, en primera porque era relativamente joven, 33 años. Y en segunda, decían, cómo, si es un producto para caballeros, no para las damas. Y si ahora esta pesado antes una mujer era mal visto que entrara a este mundo. No podía, al menos aquí en Veracruz”.

Al principio contrató a mujeres a quienes les enseñó a torcer, pero duraban poco, “ya sabes, los maridos no las dejaban”. Ahora tiene tres torcedores y la Nena, quien por cierto, anda de gira, “ahorita anda en una boda en Monterrey, con la marca, claro, hace los puros”.

Como todos los pequeños, acceder al buen tabaco es complicado, ya que las mejores cosechas, que vienen delas cientos de hectáreas que produce un par de familias de la región, se va al mercado extranjero, donde se paga en dólares y es ampliamente demandado y apreciado.

Por eso nos aventuramos a sembrar nuestro propio tabaco. Aunque siempre hemos sembrado poquito, desde hace unos tres años estamos echándole más ganas”.

Confiesa que ha tenido que subir escalones “muy pesados”, pero el secreto para abrirse paso en este mundo de hombres está en el sabor del tabaco, “y mi tabaco es muy bueno, pero no sólo es eso, hay que saberlo tratar, ligarlo, es fundamental la liga, y tener gente conocedora, y mi gente sabe”.

Recuerda el “dificilísimo” primer año de la empresa:

No sabíamos, tocábamos las puertas y las pocas nos las cerraban, hasta que por fin encontré cómo, y poco a poco”. Dolores aprendió todos los procesos, “inventé ligas, hice experimentos”, hasta que un día, don Raúl Moreno Colí, máster blender de Te Amo por décadas, formador de los mejores torcedores de San Andrés, me dijo: oye, yo tengo ahí a un compadre que va saliendo de la fábrica y se está deprimiendo, por qué no te lo llevas”.

Y así fue como llegó don Silvestre, su torcedor. “Me acuerdo que cuando le di mis ligas me dijo ¡no mijita, esto está mal! Entonces comenzó a formar ligas hasta que me dijo, mira, este, este es el sazón. Liga y fortaleza, es el alma de un puro, y encontramos la de Puros Sihuapan. Su liga es un secreto, pero eso sí, el Negro San Andrés es el que “nos da el sabor y la fortaleza”.

Ya cuentan 18 los años en que Dolores Parra lleva promoviendo sus marcas, incluso pienso pronto dejar la empresa en manos de su hijo.

Ha viajado (y vaya que si ha viajado) impulsando además al que considera el mejor tabaco del mundo: el Negro San Andrés, y a Veracruz. “Pero no ha sido nada fácil, porque como mujer ha sido todo un reto. De entrada, desde el acoso, porque ha habido gente que me ha dicho qué me das a cambio de esto, ha sido muy difícil pero lo que tienes que haces es mantenerte firme”.

Más de uno le ha ofrecido los palacios y la bonanza, pero la respuesta no cambia: “¿qué me pueden dar si ya tengo todo lo que necesito con mi familia?”

Para su primera feria, se recuerda sentada en la antesala de alguna oficina gubernamental, con la gente diciendo a su alrededor “y está vieja qué, porque no me lo mandaban a decir, porque me decían estas cosas son para señores”, para conseguir el apoyo y viajar, por ejemplo, a Acapulco, donde año con año se realizaba el Tianguis Turístico.

Porque no donde quiera vendes un puro, es un producto relativamente caro. Eso tienes qué pensar: dónde vendo, a quién le vendo, cómo se lo voy a vender, y así fuimos buscando apoyo y hemos podido ir a Madrid, a Barcelona, a Alemania, y hemos vendido bien, nuestra marca ya la conocen”, recuerda.

Monyaz

Lola fabricaba dos líneas: Sihuapan, con su anilla verde y dorada en forma de hoja, y Sihuapan Premium, de hermosa anilla con una jarochita en colores dorado, rojo y negro. Pronto, como empresa, llegó una gran oportunidad, se asociaron con unos empresarios alemanes y elaboraron la marca Monyaz, de preciosa anilla blanca con motivos de oro y plata que contrastan con sus capas de Negro San Andrés.

Un gran puro, sin duda, con una liga de lo mejor del NSA, con una capa negra impecable y sabores a buen tabaco mexicano. Pero como todo en los negocios, la sociedad se disolvió.

Cuando nos dijeron hasta aquí, pensé que ya iba a cerrar. En ese tiempo eran nuestro principal comprador. Fíjate que esto fue en el primer año de Monyaz, porque yo tuve la fortuna de tener los problemas al principio. Pero fue un proceso muy difícil porque la marca se registró en Alemania, tuve que ir a Berlín a hacer todo el papeleo”.

Fue como volver a empezar, así de fácil, porque, recuerda, se quedaron con nada pero conservaron la marca. Sus hermanos regresaron al taxi, le decían “otra vez volver a empezar ya no. Pero yo les dije, ¡cómo no!, vamos a empezar. Gracias a Dios mis hijos me apoyaron, y muchos contactos que hice me apoyaron y lo hicimos”.

Cigar Somelier

Su hijo ya comienza a conocer todo el teje y maneje de la empresa, y si todo sigue como lo espera, Lola le dejará Puros Siguapan a la siguente generación, y llegó un momento en que se preguntó: qué sigue. La respuesta la encontró en un diplomado de Cigar Somelier en donde encontró una nueva pasión.

Ahora, confiesa, las catas, las cenas maridaje, la combinación de sabores, el conocimiento de vinos, licores, cervezas, platillo, y su relación con el tabaco es lo que ahora vislumbra en el horizonte, y en la línea que piensa seguir en el mediano plazo.

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